Ajuntament de Barcelona

Jardines de Mossèn Costa i Llobera

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Características
Duración media: 
50 min
Distancia: 
700 m
Horario: 
De las 10 de la mañana al anochecer
Objetivos: 
Descubrir un jardín temático dedicado a las plantas suculentas.
Accesos: 
Paseo de les Bateries. También se puede acceder al jardín por la carretera de Miramar y por el mirador de Miramar, situado en la plaza de la Armada, y hacer el recorrido en sentido inverso.
Destinatarios: 
Todos los públicos, especialmente adultos
Espacios asociados: 
Jardines de Mossèn Costa i Llobera

El acceso habitual al jardín de Mossèn Costa i Llobera está cerrado temporalmente. Os proponemos un acceso alternativo que encontraréis subiendo las escaleras de Forestier y siguiendo los paneles indicativos. ¡Disculpad las molestias!

El jardín, dedicado a las suculentas, acoge una importante colección de cactáceas, palmeras, euforbiáceas y otras familias de plantas crasas procedentes de climas cálidos y tropicales.

Nada más empezar el recorrido podemos contemplar una higuera africana y una palmera mexicana, especie de la que hay un conjunto importante en la carretera de Miramar, al pie de la montaña, en una plantación única en Barcelona, hecha a finales de los años sesenta del s. XX y proyectada para que se integrase en el paisaje árido de la ladera este de la montaña de Montjuïc. Tanto la palmera mexicana como el maguey, la chumbera, la antorcha dorada y el tabaquero de Caracas son de origen americano.

Avanzando, el camino se divide en tres y hay que tomar el central, siguiéndolo podremos contemplar la siempreviva arbórea, pequeño arbusto de la familia de las crasuláceas, y el cardón resinoso, una gran planta carnosa que, a pesar del parecido con un cactus, no lo es. La palabra cactus, habitualmente usada para referirse a cualquier planta de tallo carnoso, especialmente si tiene espinas, debería reservarse únicamente para las especies de la familia de les cactáceas.

El recorrido lleva hasta el mirador de la Puntaire, llamado así por la escultura La puntaire (La encajera), de Josep Viladomat, desde donde se puede disfrutar de una espléndida panorámica del puerto de Barcelona y del acantilado marino del Morrot, en la ladera suroriental de la montaña de Montjuïc. El Morrot es una zona abrupta y de fuertes pendientes de antiguas canteras (la explotación de piedra se hizo hasta mediados del s. XX), colonizada con vegetación mediterránea y foránea de gran valor biológico, ya que son el hábitat de diversas aves, entre ellas los cernícalos.

La puntaire no es la única escultura de estos jardines, que también acogen la escultura L'au dels temporals (El ave de los temporales), de Joaquim Ros i Bofarull, en homenaje al poeta Miquel Costa i Llobera, y un monolito de Txell Duran en homenaje al cactólogo Joan Pañella i Bonastre (1916 – 1992), artífice, junto con el arquitecto Joaquim Casamor, de la creación de este jardín.

Descendiendo del mirador para tomar de nuevo el camino, nos encontramos con un grupo de plantas singulares (palma de Sagú, Agavae victoriae-reginae, cardón, cabeza de viejo) y un poco más adelante varios ejemplares de asiento de la suegra, uno de los cactus más cultivados y conocidos en todo el mundo, a pesar de estar amenazado en su hábitat natural.

Aunque gran parte de la vegetación de este jardín, e indudablemente uno de sus principales atractivos, son las especies exóticas, también acoge árboles propios del área mediterránea, como el granado, que conviven armoniosamente con árboles australianos, como el árbol de la llama, americanos, como el pindó y el sotol, que vive casi sin riego. Precisamente, a pesar de la disparidad de sus orígenes, una característica común de algunas plantas de esta parte del tramo es la resistencia a condiciones ambientales de sequía y suelos poco fértiles: el chilayo, cactus de zonas semidesérticas; el algarrobo, resistente gracias a sus profundas raíces; la higuera de Port Jackson, que también se encuentra en barrancos; el palmito, una de las dos únicas palmeras nativas de Europa; la Hechtia texensis, propia de terrenos calcáreos rocosos áridos. Muchas de estas plantas, como el Kalanchoe beharensis, soportan mal las bajas temperaturas y las heladas. Avanzando por el recorrido se puede contemplar una palmera, el sabal de las Bermudas, una yuca de Guatemala, un drago, árbol considerado sagrado por los antiguos guanches y una Cyphostemma juttae, así como una palmera azul, muy ornamental.

Un punto muy atractivo del jardín y que nos transporta a paisajes de zonas desérticas es la plaza central, donde pueden contemplarse suculentas de considerable tamaño, de colores y formas especiales y de floraciones espectaculares: Alluaudia ascendens, abrojo, antorcha plateada, árbol candelabro, ucle.

Más adelante se encuentra un árbol hierba, propio de Australia, y, dejando atrás la plaza y subiendo las escaleras, un ave del paraíso, con unas flores espectaculares de gran belleza, un roble australiano, una pata de vaca, con las hojas en forma de pezuña de vaca y grandes flores, y finalmente un Oreopanax nymphaeifolius, propio de las montañas tropicales y subtropicales americanas.

El tramo acaba en la parte superior de les escaleras, en la puerta de acceso que hay en los jardines de Miramar, inicio del siguiente tramo.

Recomendaciones: 

Ropa cómoda y calzado adecuado para andar, binóculos y cámara fotográfica. En verano, en las horas de insolación, gorra y gafas de sol. Las características de algunas de las plantas del jardín (con espinas, tóxicas...) hacen necesario que se evite tocarlas y que se respeten las indicadiones del parque. Esto es especialmente importante en el caso de los niños.